Bienvenido al blog ¿Qué nos hace bolivianos?

¿Qué nos hace bolivianos? una iniciativa de la Campaña "Convivir, sembrar paz" del Sistema de las Naciones Unidas, Bolivia. Nos interesa su visión.



¿Qué nos conecta?... ‘La comida,’ dijo el joven periodista camba.

Publicado por ¿Qué nos hace bolivianos? , martes, 1 de junio de 2010 13:59


Yo estaba en Santa Cruz con un par de colegas de la oficina, hablando con amigos cruceños sobre la campaña Convivir Sembrar Paz. En particular, estábamos hablando de hacer algo en torno a la pregunta, ¿qué es lo que une a los bolivianos’ y más precisamente, ‘qué es lo que hace a los bolivianos sentirse bolivianos?’

Convivir Sembrar Paz es una campaña lanzada por el Sistema de Naciones Unidas en Bolivia en septiembre de 2008 en los peores momentos del conflicto entre el Gobierno y sus opositores, para llamar al diálogo y la paz. Ahora, pasada la época de las confrontaciones violentas, estamos buscando cómo ir más allá del llamado a la paz para promover la unidad y la verdadera convivencia entre los bolivianos.

Al principio, la respuesta del amigo camba me pareció un poco ligera frente a un tema tan grande como la identidad boliviana. Pero pronto me acordé de un incidente que me hizo descubrir el poder de la comida, no solo para satisfacer el hambre física sino también para llenar el alma.

Fue algo que sucedió en la Ciudad de México hace ocho años. Era para mi esposo y para mí nuestro segundo día en México. Habíamos dejado el Ecuador después de tres años y medio durante los cuales nos habíamos encariñado profundamente del país y de su gente. Salimos de Quito sumamente adoloridos. Fue nuestro quinto cambio de país, parte de la rutina de mi trabajo en Naciones Unidas, pero no por eso menos doloroso.

Y en este traslado en particular, se le había sumado al dolor de dejar el Ecuador la frustración de que se nos había quedado nuestro equipaje. Parecería una tontera, pero los que han vivido esta vida de vagabundaje entenderán la importancia afectiva de contar con las pertenencias de uno al llegar a un lugar desconocido.

Pero ni modo, teníamos que ir a comprar algo de emergencia. El día siguiente a nuestra llegada, el chofer de la oficina nos llevó a un almacén en la Colonia Polanco – donde quedaríamos a vivir más adelante – y compramos unas prendas. Aún habiendo resuelto este problema, salimos de la tienda con la misma sensación de desolación y angustia con las que llegamos a la Ciudad de México. Eran a eso de las 9:30 o diez de la mañana y se nos ocurrió desayunar. Encontramos un pequeño café cerca de la tienda y entramos. Estando en México, decidimos ordenar algo típico, chilaquiles.

Llegó el plato, comimos, y fue como si aquella mezcla tan sencilla de tortillas horneadas con salsa de tomate, queso y chile tuviera un poder mágico. Inmediatamente me sentí mejor. Al probar esa combinación tan genial de sabores y sentir el calor de la comida adentro de mí, supe con una certeza profunda que íbamos a estar bien en este inmenso y complicado país que era nuestro nuevo hogar. Hablando con mi esposo, él me dijo que le había sucedido lo mismo. Ese plato de chilaquiles nos había sanado el dolor de dejar nuestro querido Ecuador, y nos había conectado con México.

Lo poderoso de la comida tiene que ver con que es algo muy concreto, básico y cotidiano. Por eso la comida es una parte tan arraigada y fundamental de la identidad de cada persona. Y la identidad no solo tiene que ver con sentirse boliviano o paceño o camba, sino algo mucho más personal e individual. Yo, por ejemplo, siempre que corto un pepino, recuerdo a mi madre que falleció ya hace diez años. De acuerdo a la costumbre japonesa, mi mamá me enseñó cuando era niña que primero hay que cortar un pedacito de la colita del pepino, y frotarlo contra la parte cortada del resto de la verdura para quitarle la amargura. No creo que esta costumbre tenga ningún sustento científico pero siempre lo hago – no por ser japonesa sino porque me lo enseñó mi mamá, y todo lo poco que sé de la cocina lo he aprendido de ella. Y hacerlo me llena de nostalgia y a la vez me hace feliz.

Así que el amigo camba tiene razón – la comida sí tiene mucho que ver con nuestra identidad. Además, también creo que hablar de la comida nos ayuda a construir la convivencia, que es el propósito de nuestra campaña. Me parece que lo concreto, lo cotidiano, incluso lo banal de la comida son un buen contrapeso a la tendencia de descalificar o etiquetar a ciertos grupos de personas con categorías abstractas – camba, colla, izquierdista, derechista, capitalista, socialista, indio, blanco, oligarca, totalitario, etc., etc., etc. El compartir una comida con alguien, y comentar con esa persona de la comida – que es bueno o malo el plato, que a uno le repugna la sopa, que al otro le encanta, que por qué uno prefiere el perejil y otro el cilantro (una discusión que tuve el otro día en Facebook) – hace a esa persona una persona – no un simple prototipo de una categoría; una persona que odia la sopa como Mafalda, y comparte conmigo el gusto por el perejil.

Por supuesto no hay que ser ingenuos. No es que compartir el gusto por la misma comida elimine las otras divergencias ni que hay que dejar de hablar de los temas difíciles que sí nos dividen. Creo que la verdadera lección es que tenemos que conocernos como personas -- a los otros, pero también a nosotros mismos -- para convivir; conocernos como individuos cuyas identidades son mucho más complejas, excéntricas e incluso divertidas que las etiquetas colectivas con las que muchas veces nos identifican o nos identificamos. Y una buena manera de conocernos es hablando sobre algo que todos compartimos, como es el hecho de tener gustos muy particulares por la comida, y el que comer lo que nos gusta nos hace feliz. Es un primer paso para ir rompiendo poco a poco el muro de estereotipos y prejuicios que son los peores enemigos de la convivencia.

¿Qué nos hace bolivianos?

Publicado por ¿Qué nos hace bolivianos? , viernes, 14 de mayo de 2010 6:21


Los bolivianos somos diversos, qué duda cabe. Pero, ¿qué es lo que nos une? ¿Qué es lo que nos hace bolivianos? ¿Por qué un pandino y un tarijeño, un orureño y un cruceño se sienten parte de la misma patria? Pando se proyecta al Amazonas, a la selva, a lo tropical. Oruro podría ser parte de otro continente, respecto de Pando, desde el punto de vista de la geografía, el clima e incluso la población. ¿Qué tienen en común un habitante de Cochabamba y uno de Puerto Suárez? ¿Qué tienen en común un habitante urbano de, digamos, La Paz, desdenciente de árabes, croatas o alemanes (quizás de todos juntos), con una mujer rural, quechua desde hace incontables generaciones, del norte de Potosí?.

Las encuestas a las que tiene acceso "Convivir, Sembrar Paz", dicen que los bolivianos sienten una enorme ansia de unidad nacional. Reflexionemos sobre lo que es ser boliviano. Escríbenos sobre lo que te hace sentir boliviano, sobre lo que te une con --o te separa de-- tus compatriotas de otra región o de otro barrio de tu misma ciudad. Expresa tu idea de bolivianidad a través del medio que prefieras. Puede ser mediante una idea, un texto, una foto, una pintura, un plato de comida, una canción o cualquier tipo de expresión en la que no hayamos pensado. Acepta el desafío. ¿Qué nos hace bolivianos?

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